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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

jueves, 23 de junio de 2011

Tras el rastro de las garzas

Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com

El chismorreo local ha tenido harta ‘tela pa’ cortar’ con los detalles que rodearon la desafortunada explosión del carro bomba en inmediaciones del puente ‘de las garzas’ al suroccidente de Popayán. Hecho, que por demás todos repudiamos. Especial capítulo para los héroes de la jornada, los agentes de tránsito, víctimas inocentes y damnificados del aleve atentado. El fuerte impacto que sentimos en toda Popayán despertó de nuevo los miedos en torno a esta guerra que nos rodea, así poco entendamos. La misma que nos sigue cercando, arrojando desplazados, muertos, pobreza y ahora bombazos. La que reclama unión y solidaridad por encima de todo.
Y entre todos los análisis de los hechos, pasando por supuesto, por el oportuno y efectivo retén de la policía de tránsito que habría que agradecer a los exaltados hinchas del Atlético Nacional, reaparece un níveo símbolo en medio del horror de la explosión: las garzas. Las mismas que desde hace muchos años se posan todos los días en los árboles de ese sector de la quebrada Pubús y que según los patojos raizales llegaron a Popayán y a este lugar por Don Toribio Maya, el llamado “Apóstol de la Caridad”. Porque fue precisamente en ese sitio donde el caritativo hombre, que falleció el 16 de agosto de 1930 –fiesta de San Roque, Patrono de los Enfermos-, acogía en un humilde rancho a los leprosos y enfermos para limpiarles sus heridas y ayudarles a bien morir hace más de un siglo. Las mismas, que según el relato, volaron y formaron un círculo sobre su ataúd en el cementerio y luego partieron hasta ese lugar para hacerlo su morada.
El repudiable hecho en este simbólico lugar nos devuelve también la mirada sobre éstas, que a propósito, ¿resultaron damnificadas?, y hacia la causa pro-beatificación de Don Toribio, de la que hace rato no tenemos noticias. Igual, entre diversas interpretaciones, unos y otros coincidimos en que una fuerza divina protegió a la ciudad y quién sabe de una tragedia de qué proporciones.
En las actuales circunstancias, de dolor, violencia, crisis social y del cuestionado sistema de salud, las garzas de Pubús nos recuerdan a Don Toribio Maya, un emblemático personaje que personificó la causa del bien común. Un hombre que dedicó su vida a servir a los necesitados y a aliviar el dolor de los enfermos, especialmente los leprosos, discriminados y aislados de la sociedad. Una figura que puede lucir un tanto exótica en los actuales tiempos, de la que hay testimonios hasta en su tumba. Sus calidades humanas le permitían limpiar las úlceras más putrefactas sin más recompensa que una sonrisa de alivio. Labor y actitud difícil de encontrar cotidianamente hoy, cuando abundan toda clase de podredumbres.
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Minutos antes de de la infortunada bomba en el Teatro Municipal terminaba el acto de presentación del Universitario de Popayán, otro sueño de toda una generación convencida que Popayán puede volver a tener buen fútbol y que el deporte es una apuesta necesaria para el bienestar ciudadano. Es hora de empezar a meter goles con el deporte, el problema social de nuestra querida ciudad necesita recreación, deporte, cultura, salud y qué mejor que reforzando el concepto de Ciudad Universitaria y del Conocimiento.

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