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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

domingo, 10 de enero de 2016

Chucuri en mejores tiempos

Por Ismenia Ardila Díaz

No se trata de afirmar que “todo pasado fue mejor” y que estamos ahora sí, en mejores tiempos. Todo cambia, nada es absoluto, todo es relativo, de acuerdo a la esquina desde donde se mire.

La historia de los chucureños está escrita con grandes contradicciones, búsquedas, defensa de la riqueza y tristemente, de mucha sangre (desde la intrépida colonización de estas tierras enfermizas). Por supuesto, grandes historias, personajes y años maravillosos que nos llenan de nostalgia pero que deben ser la inspiración permanente para las decisiones y la proyección del futuro que construimos hoy con esperanza.

En el pasado reciente, no nos equivocamos: el mejor contenedor contra la dura violencia era la defensa de la cultura como elemento integrador y constructor de bases reales para la memoria y la vida. Hoy cuando San Vicente de Chucurí es el primer municipio de Santander libre de minas anti persona y ejemplo de pos conflicto, es delicioso que podamos recorrer su hermoso territorio de contrastes geográficos, disfrutar de su gastronomía y bellezas naturales, que prometen mejores tiempos. Delicioso conocer, preguntar, añorar y hasta sorprendernos de nuestra memoria al tenor de una danza de “Cañabrava”, sus vestuarios y músicas como las de Juan Ibarra y las bellamente interpretadas por la banda municipal Yariguíes, herencia del proyecto cultural que inició en 1989 con la creación del Departamento de Extensión Cultural y Artística, iniciativa del entonces concejal Jorge Rodríguez Corzo (QEPD), con la anuencia del alcalde Álvaro Pico Gómez.

La cultura definitivamente era el punto de encuentro que necesitábamos y se logró para alegría y orgullo de un pueblo siempre pujante y emprendedor. Que lo testimonie el ex integrante fundador de Cañabrava y hoy concejal Manolo Hernández: “primero la cultura”. No hay discusión. Celebro como muchos de una generación expulsada por el conflicto interno armado, que todos esos lugares que no conocí porque la violencia me impidió, estén dando paso a proyectos de ecoturismo y que la cultura del cacao, toda, genere nuevas e innovadoras iniciativas de emprendimiento selladas por una identidad única, con grandes posibilidades de expansión y crecimiento para nuestra gente.


Todo, gracias al temple, la decisión, el esfuerzo y hasta voluntad política de quienes creyeron en estos 25 años en un proyecto naciente en medio de las balas, cuando los “Sábados Chucureños”, en el parque principal le arrebataban el miedo al pueblo, le devolvían la alegría y el entusiasmo que siempre nos ha caracterizado. Un proyecto cultural que privilegió la reorganización de la biblioteca municipal, la recuperación del archivo municipal, los hitos, el patrimonio inmueble y la memoria colectiva; que creó “Caña brava” y reconformó la banda municipal con la compra de los primeros 18 instrumentos musicales y la iniciación del maestro Mario Gamboa; que aseguró con el liderazgo del gran cultor Carlos Alberto Vásquez y la complicidad de Ángel Miguel Ardila y Edilia de Cipagauta, entre otros gestores, la compra de una sede para la Casa de la Cultura, la recuperación del Teatro Cervantes, la adopción de una política cultural con presupuesto autónomo y articulación al plan de desarrollo nacional, el fomento a la integración y el intercambio de valores humanos y experiencias artísticas, como principal fuente de inspiración y felicidad. Estábamos cerca de la incursión de las nuevas tecnologías de la información y comunicación y la ‘cultura desechable’ y el sueño de un pequeño grupo escrito con el sello de los Ardila, Moncayo, Gómez, Agudelo, Carreño, Mendoza, Serranos, Acevedo, Moreno, León, López, Otero, Camargo, Martínez, Ibarra, Hernández y todos los que sería imposible listar, es un patrimonio que además de querer y disfrutar hay que seguir edificando y defendiendo. Hay mucho por hacer, no hay que desfallecer: persisten debilidades y amenazas, pero también oportunidades y fortalezas.

Muchos entregamos el barrote o la posta confiando en quienes nos sucedieron y ahí están los resultados. Que no falten los dolientes y que las nuevas acciones sean consecuentes con los retos de los nuevos tiempos.

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