Periodista de profesión y convicción.

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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Me quedo con la agenda de la reconciliación

Ismenia Ardila Díaz

Buena parte de mi vida profesional como comunicadora social la he pasado al frente de las noticias y los medios o a cargo de oficinas de prensa de gobierno, y por esas cosas dela vida, en el dilema de la guerra o la paz. Por eso cuando estamos ad portas de la firma y el plebiscito para que el pueblo colombiano ratifique o no el acuerdo con las Farc, me declaro a favor, me quedo con la agenda del comienzo de la búsqueda de la paz.

Sí, porque este es un comienzo, tal vez no el mejor acuerdo, pero el comienzo para que nuestros hijos no repitan las páginas de esta historia que ni nosotros ni nuestros padres y abuelos pudieron evitar: la guerra de los mil días, la violencia liberal-conservadora y la incursión de los movimientos guerrilleros, autodefensas, paramilitares, Bacrim, etc.

Nací en la tierra de los ‘helenos’ y recibí clases del mismo “Pablo Beltrán” (hoy su vocero, entonces, un excelente docente del departamento de Santander). Viví y cubrí el conflicto en el Magdalena Medio santandereano cuando hacía mis primeros trabajos de reportería en el diario Vanguardia Liberal; cubrí el asesinato y desaparición de numerosos campesinos, tomas armadas, secuestros, retenciones y atentados donde los niños eran sus principales víctimas; incluso tuve que cubrir la muerte del hijo de una gran amiga, que falleció en sus brazos destrozado por una granada.

Corrí muchos riesgos queriendo hacer un periodismo neutral, imposible en escenarios de conflicto y finalmente tuve que salir de mi tierra, para salvar mi vida y terminé en Popayán, capital del departamento del Cauca, donde continué el capítulo de la guerra pero también conocí el de la reconciliación, al ser testigo de los procesos de paz con el M-19 y el Bateman Cayón.
En mi paso por Radio Super y el Diario El Liberal narré, titulé y analicé los horrores de la guerra y sus efectos en el empobrecimiento de un departamento con una riqueza natural y diversidad única. Me desvelé con el vuelo de los helicópteros y el seguimiento a las noticias en curso de innumerables tomas armada en algún municipio o carretera, así como su efecto en las agendas de los gobiernos de turno.

Por esas cosas de la vida, en el cuatrienio anterior, inicié como jefe de prensa de la Gobernación del Cauca y terminé los dos últimos años en esa misma oficina pero de la Gobernación de Santander, asumiendo en algunos tiempos el encargo de la jefatura. Y lo comparto hoy, porque a costa de una circunstancia familiar, pasé abruptamente de la guerra al pos conflicto.
Mi agenda en Popayán a diario implicaba atender a corresponsales, medios nacionales e internacionales como ‘notarios de la guerra’ y acompañar al gobernador en una agenda que no podía desligarse nunca del conflicto: muchas horas y energías invertidas alrededor de víctimas, desplazados, emergencias humanitarias, etc. Una nube que no dejaba ver el horizonte.
En contraste, en Santander, la agenda pública del gobierno estaba concentrada en grandes obras y una proyección completamente distinta que permitía construir, soñar, innovar y trascender en los ámbitos regional, nacional e internacional. Atrás quedaron los tiempos del conflicto armado y hoy sus gentes aprovechan al máximo todas las bondades y oportunidades que les brinda esa grata tierra. El espíritu jovial, entusiasta y emprendedor de los santandereanos da todos los días muestras de grandes avances y resultados al tenor del posconflicto.

Después de esa grata experiencia, regresé hace ocho meses al Cauca para vivir un tiempo distinto, de relativa calma y esperanza al tenor de los avances en las negociaciones del Gobierno y las Farc en La Habana y mi hija de 12 años no volvió a despertar asustada a la media noche con el ruido de los helicópteros sobrevolando Popayán.

Por supuesto, hay otros conflictos que merodean a diario: la guerrilla del Eln, la minería ilegal, bandas criminales, etc.; complejos y que están por resolverse, pero es evidente que los efectos de la negociación con las Farc, han mejorado notablemente el panorama de permanente conflicto y movilización que caracteriza al Cauca y por supuesto, la agenda pública de sus gobiernos y sus gentes.

Así las cosas, si se ratifican los acuerdos y el proceso de desmovilización, tendríamos menos nubarrones en el horizonte, los retos y oportunidades cambiarían, el potencial turístico, agroindustrial y ambiental del territorio caucano tendrían una oportunidad de desarrollo y por qué no, si no soy yo la que pueda narrar estos mejores tiempos, mi hija mayor, como las de muchos que aquí habitamos, querría regresar para vivir y contar las historias y caminos de la reconciliación que aquí se emprendan.

Con tranquilidad he perdonado e invito a perdonar. Nos merecemos transitar por caminos de esperanza y mejor vivir.

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