“Con toda la mala vida que había pasado, con todos los sufrimientos, donde nadie daba un peso por mí, donde me dieron tres meses de vida, pero verme ahí, llegar tan lejos donde mucha gente no había podido” : Yaneth Mosquera.
POR GLORIA ALEGRÍA
gloriaalegria@unicauca.edu.co.
Un ejemplo de vida y de superación es Yannet Mosquera Rivera, la mujer Cafam 2007; no son las típicas palabras vacías y frases sueltas, es la mujer que venció a la muerte y le demostró a la vida que cuando las cosas se desean, se pueden lograr.
Su sonrisa despliega la alegría de muchos soles mañaneros, sus ojos la ilusión de los sueños cumplidos, sus manos curtidas por la experiencia y de color chocolate siempre están listas para ayudar, y su voz, esa voz fuerte y clara se expande por el aire para lograr una total concentración de su interlocutor. Éstas fueron apenas algunas de las cualidades necesarias para que Yannet Mosquera Rivera fuera la ganadora del premio Mujer Cafam primero en el Cauca y luego a nivel nacional en el año 2007.
Cómo expresa en sus propias palabras, acompañada con movimientos contundentes de manos: “ Yannet Mosquera es una mujer madre cabeza de familia, madre de tres hijos y una mujer, sencilla, alegre y feliz”, la cual además de tan coloridas palabras, lleva en su sangre la raza y un inconfundible aliento de vida.
Todo comenzó exactamente hace 39 años en el municipio de El Patía ubicado en el sur del departamento del Cauca, desde el primer instante en que la vida imbuyó sus venas Yannet ha sido una mujer que no le ha temido a la adversidad, ni a las vueltas del destino porque como ella misma dice “yo soy el ser más feliz del mundo”. Pero para haber llegado a ser lo que es hoy muchos momentos han desfilado en su vida, momentos especiales cómo el nacimiento de sus hijos, tristes cuando en algunas ocasiones se encuentra rodeada de amigos pero aún se siente sola, felices cuando ganó el premio a la mujer Cafam y de mucha fortaleza cuando venció al cáncer y durante toda su batalla tuvo como único apoyo a Dios; pero sin duda todos han sido momentos contundentes para forjar a la gran mujer que, como ella cuenta “todas las noches y todos los días” habla con Dios. Ésta parte ha sido muy importante en su vida ya que tiene por sentado que todos los instantes que ha vivido y visto, independiente de que sean buenos o malos, todos se los debe al ser supremo.
Uno de esos momentos decisivos ocurrió en el año 1999 cuando Yannet Mosquera llegó a Popayán, sus primeros pasos fueron duros ya que al ser una mujer campesina y de color que llega a una ciudad extraña, no encontró oportunidades y además como si el destino o la casualidad lo decidieran fue atacada por el cáncer de tiroides, pero con mucha fe y decisión logró salir en el 2000. De ésta manera comenzó el trabajo comunitario, ya que al no tener donde ir se refugió en la casa de un tío que vivía cerca de los asentamientos de la quebrada Pubús, aquel lugar que para mucha gente es un problema pero que para ella se convirtió en oportunidad ya que además de la necesidad, Yannet poseía la vocación de trabajo con la gente; así encontró una manera útil de repartir su tiempo, ser reconocida y como ella misma dice con orgullo “repartir mucho amor para dar, entonces encontré a quién dárselo y era a toda esa comunidad”.
Dándose a conocer con su labor social, comenzó a tejer un sueño después de escuchar a mediados de septiembre una propaganda sobre el concurso mujer Cafam 2007. En repetidas oportunidades la escuchó hasta que decidió ir por el formulario y más importante aún decidió que ella se iba a ganar ese premio. Las personas que planean aplicar a él deben tener necesariamente alguien que las postule; “no negra no perdamos el tiempo, aquí solo ganan las señoras de la chancleta dorada”, esas y otras respuestas fueron las que encontró Yannet, pero decidió no darse por vencida y por fin en la CRC con la ayuda de la doctora Grace Patricia Gallego encontró ese apoyo.
Escalando el primer peldaño fue seleccionada a nivel departamental, de allí pasó a postularse para el nivel nacional que se realizaría en la ciudad de Bogotá, ese fue el primer viaje que hizo en un avión. A su llegada a la capital se encontró con más de 200 mujeres Cafam de los distintos departamentos, se sintió un poco cohibida ya que escuchaba que decían “la doctora no se que, la abogada no se que, la ingeniera no se que y yo decía ay Dios mío y yo solo soy Yannet”. Fue seleccionada de esas 200, de las cuales solo quedaron 25. Ahora solo quedaba el último peldaño, la final en Bogotá, para ello le pedían tres trajes de gala los cuales no tenía, ni el dinero con él cual adquirirlos pero decidió vender varias cosas, entre ellas la olla pitadora, la pipa de gas, la plancha y un pequeño televisor, lo cual en conjunto sumó 150.000 pesos que descotando la comida de una semana para sus hijos quedaban aproximadamente en 130.000 pesos y a pesar de los percances el dinero alcanzó y Yannet pudo llevar sus trajes a la premiación.
A pesar de que durante una semana le insistieron en no decir palabras, ni dar rienda suelta a sus emociones, cuando Yannet Mosquera comenzó a escuchar con los ojos firmemente cerrados, “en un lugar del departamento del Cauca, en un municipio llamado Popayán”, se levantó con el corazón en la mano, los ojos brillantes de emoción y aquel grito de independencia rodando por su garganta: “Hijueputa me lo gané”.
Entonces, muchas cosas cambiaron para bien en la vida de Yannet, ahora tiene una casa, muchos conocidos, es reconocida por la gente, ha viajado a muchos países, pero también reconoce que no todo en la fama, es bueno, ha recibido amenazas en contra de su vida siendo declarada objetivo militar, una de sus hijas fue víctima del secuestro, no tiene millones como la gente suele pensar, ya no puede sentarse en cualquier andén a charlar tranquilamente o andar por la calle siendo la mujer que era antes, ya que sobre sus hombros lleva una gran responsabilidad, representar a una nación. Pero esto no es ningún impedimento para continuar, más bien todo lo contrario, cada día Yannet se levanta con más ganas de continuar luchando por su comunidad, de hacer valer lo que se merece, de cambiar otro tanto esa Colombia que tanto ama, pero sobretodo quiere cumplir una ilusión que fluye por sus palabras y brilla en sus ojos “ir a un supermercado y poder coger un carro de esos de mercar, y llenar y llenar y llenar sin preguntar cuánto vale, comprar y pagar y llevar el mercado a mi casa, como siempre he soñado”.
Un sueño que a los ojos de muchos puede parecer sencillo y fácil, pero para esta soñadora es otro más de los peldaños que debe escalar; pacientemente, con orgullo y determinación comienza aquél camino, porque sin duda alguna Yannet Mosquera Rivera también se va a ganar éste premio.

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