La historia de un cuentero payanés. "La narración oral no excluye al periodismo. Es otra forma de contar historias y realidades"; ‘Charly García’. Entrevista.
Por Harold Ordoñez
Carlos García, mejor conocido en el mundo de la cuentería como ‘Charly’. Es un periodista que se ha convertido en una de las cabezas más visibles de los egresados del programa de Comunicación Social de la Universidad del Cauca "Es un estudiante aventajado con el que el profesor recibe más de lo que pide", afirma Giezzi Lasso Agredo, director del programa.
Un periodista, que a pulso -como en las buenas historias- con "pica y pala" ha hecho del periodismo su vocación. Este hombre, entre cuento, columna y cuento ha ido puliendo su pluma y afinado su criterio.
Becario de la Fundación para un Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez, ganador dos años consecutivos del premio de periodismo Alfonso Bonilla Aragón, en la ciudad de Cali, el premio a la excelencia periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP y al segundo mejor blog de 20 Minutos (importante medio español).
Por video-chat –a propósito de las nuevas tecnologías aplicadas al periodismo-, después de terminar sus labores en SEMANA.COM y a altas horas de la noche, se conectó; la experiencia naciente de alguien que ha trabajado en importantes medios de comunicación, el frio bogotano y la soledad de un trabajador provincial que prueba suerte en la gran capital con un "primíparo" en el periodismo, torpe en el arte de entrevistar y que hizo de ‘Charly’ su ‘conejillo de indias’, su conejillo para experimentar.
Nos contó, cómo siendo un adolecente fundó un periódico y una radio, y escribió en la sección Jóvenes en el diario El Liberal de Popayán; cómo por el periodismo y su talento de cuentero, se salvó de prestar servicio militar en el Putumayo, y cómo ejerciendo su profesión ha ayudado a transformar la vida de otras personas.
Pero dejemos que ‘Charly’ nos eche un buen cuento, dejemos que Carlos nos cuente su propia historia.
Harold Ordoñez.- ¿Cómo lo llaman en su trabajo Carlos o ‘Charly’?
Carlos García.- ‘Charly’ me dicen en el mundo de la cuentearía, pero en el periodismo soy Carlos García
H.O.- ¿Cómo comenzó a ser cuentero?
C.G.- Empecé a contar con amigos en el colegio, luego en parques, en plazas, en restaurantes, en bares. Nos pagaban poco, en ocasiones monedas, pero eso servía para comer algo, para el estudio y alcanzaba hasta para beber. Cuando entré a la U ya empecé a hacerlo con un tono más profesional, ya me daba el lujo de cobrar por función. Así pagué la universidad. Aunque recuerdo que el primer Semestre fue financiado por mi novia de ese entonces, Marcela.
H.O.- Payanés…
C.G.- Nací y crecí en el barrio Tomás Cipriano de Mosquera. Allí donde cohabitamos los viejos y los nuevos habitantes "post terremoto del 83".
H.O.- ¿Por qué se inclina por el periodismo?
C.G.- Creo que todo fue culpa de mi papá. Él, Álvaro García, un tipógrafo de la Imprenta Departamental y quien no superó el quinto grado de primaria. Devoraba libros, periódicos y todo lo que imprimía en los linotipos. Tiene una inteligencia privilegiada. ‘Incluso hasta el sol de hoy’, no conozco alguien que sepa más de historia y de política que mi viejo.
Creo que soy una proyección de lo que él quiso ser. Cuando trabajó en la rotativa de El Liberal, soñaba con estar sentado en un escritorio como redactor.
Cuando era adolescente, empecé a aprender mucho para poder llegar a casa y debatir con el viejo sobre política. Eran unas tertulias interesantes que espantaban a mi mamá porque siempre decía: -ya empezaron a hablar estos dos-. Ahora, el viejo celebra mis triunfos.
H.O.- Héctor Abad Faciolince dicen en su libro El Olvido Que Seremos, una frase que, palabras o más palabras menos, dice así: "Yo sentía por mi papá lo mismo que mis amigos decían que sentían por su mamá" ¿le pasaba lo mismo con don Álvaro?
C.G.- No creo. Es igual de grande. Una mujer aguerrida, perseverante. Es más, si tuviera la pluma de García Márquez escribiría una nueva versión de "El amor en los tiempos del cólera", contando la vida de mis padres.
Claro que le cambiaría el título... algo así como "El amor en los tiempos de la aguapanela".
H.O.- jaja ¿por qué? ¿Amor de infancia?
C.G.- No, lo de la aguapaela tiene que ver con los tiempos de austeridad. Mi familia, numerosa, pero humilde, soportó los latigazos de una pobreza casi absoluta. Yo creo que por eso ahora odio la aguapanela.
H.O.- ¿Cómo inicia su vida en el periodismo?
C.G.- A ver... eso empezó cuando estudiaba en el Inem Francisco José de Caldas. Desde muy pequeño empecé a meterme en proyectos literarios. En octavo grado fundé un periódico estudiantil que se llamó "Impacto", junto a una profesora de literatura, Dora Sáenz. Nuestro periódico le hacía competencia a "Reconstrucción" la antigua publicación del colegio por donde pasó Felipe García y Marco Antonio Valencia (Poeta, docente y periodista payanes).
Organicé la emisora del colegio junto a otros compañeros. En décimo me vinculé a la revista Camaleón, una publicación de la Fundación FES, Restrepo Barco y El Tiempo. Ahí comencé a recibir capacitación en redacción y periodismo de la Casa Editorial El Tiempo en Bogotá.
Presté servicio militar obligatorio en la Policía y fue bien curioso. Yo salí sorteado para irme al ejército en el Putumayo. Y mi objeción de conciencia me impedía hacerlo, pero mis recursos económicos no podían pagar la libreta militar. Así que fui hasta el comando de Policía y le dije al coronel: mire, le propongo que yo le hago un periódico para su institución y usted me vale eso como Servicio Militar. Me quedé un año haciendo un periódico que alcanzó como cuatro ediciones.
Luego continué en la Universidad, pero después de pasar por El Liberal. Una tarde, recuerdo, llegué hasta la oficina de la directora Aura Isabel Olano. Me senté y le dije: -yo quiero trabajar aquí-. Luego de convencerla, nos dio a mis amigos (los del grupo de la revista camaleón) y a mí un dominical donde escribíamos lo que nos daba la gana.
H.O.- Y qué les daba la gana de escribir…
C.G.- Nos daba la gana escribir historias de la gente común. Del señor que vende chicles en el parque, del fotoagüita, del taxista o de la prostituta de la séptima.
H.O.- Comienza a trabajar profesionalmente con los cuentos y esto le sirve para ejercer el periodismo ¿ha pensado dejar la cuentearía?
C.G.- La narración oral no excluye al periodismo. Es otra forma de narrar, de contar historias y realidades. El periodismo se nutre de la narración oral y viceversa. Así que no creo que la deje, porque estoy contando historias todo el tiempo, no sólo en escenarios.
H.O.- ¿Cuándo entra a trabajar en El País?
C.G.- El 1 de septiembre de 2005. Renata Cabrales, quien fue docente de la cátedra de periodismo digital en Unicauca, me llevó a trabajar con ella.
H.O.- ¿Qué trabajos lo marcaron?
C.G.- Cuando pertenecí a una organización llamada Planeta Paz, conocí a una mujer de nombre Janeth Valencia. Ella, tenía en su ranchito en Agua blanca, una fundación que albergaba a más de 50 madres cabeza de familia portadoras del VIH. Fue una historia difícil de construir, dolorosa pero satisfactoria. El sueño de Janeth era tener una casa decente, grande para sus mujeres y oportunidades de trabajo. Una vez publicada esa crónica, llovieron ofertas y propuestas de colaboración. A los pocos meses, después de una movilización ciudadana, Janeth tenía una casa gigante producto de las donaciones.
Lo mismo sucedió con un chico que vendía libros en la calle. Miguel, el niño que se crece vendiendo libros -como titulé la crónica- fue otro ejemplo de cómo el periodismo puede ayudar a mejorar la vida de las personas.
H.O.- Su blog queda de segundo en una selección mundial…
C.G.- Ah sí, fue un reconocimiento a la opinión política. 20 minutos, un medio de comunicación español, hace un concurso anual de blogs. Y me sorprendió que, entre tantos, quedara de segundo mi modesto blog donde hablo de política, masacres, guerrilla, paramilitares, conflicto armado, derechos humanos.
H.O.- ¿Por qué deja de escribir en el blog?
C.G.- No lo abandoné, más bien me tomé un descanso que está pronto a terminar. Y lo hice cansado de las amenazas, de los insultos. Pensar en Colombia es peligroso y exponer las ideas puede ser nocivo incluso para la vida misma.
H.O.- ¿Por qué deja El País y se va para Semana.com?
C.G.- Porque ya era hora de cambiar. No soy sedentario y me gusta estar en movimiento. Además, cuando me llamó María Teresa Ronderos para qué hiciera parte de su equipo de trabajo en Semana, lo vi como un sueño hecho realidad. Semana está mucho más cercana a mi postura ideológica y ahora me siento más tranquilo y cómodo lejos de las censuras de un medio oficialista.
H.O.- ¿Lo censuraron en El País?
C.G.- La edición ideológica, que yo llamo censura, es pan de cada día en un medio que apoya sin titubeos un gobierno.
H.O.- ¿Por qué se fue, que pasa con el periodismo en el Cauca?
C.G.- El periodismo en el Cauca necesita de medios dónde publicar y de periodistas que se arriesguen a investigar. Mientras la agenda periodística la siga definiendo la pauta publicitaria, están condenados a reproducir boletines de prensa.
H.O.- Y por último, ¿Qué mensaje les da a los Comunicadores Sociales que quiere ser periodistas?
C.G.- Que se preocupe por conocer dónde vive, que escudriñe en la historia, que sea un lector incansable de realidades y que cultive una postura crítica y constructiva de cara a las necesidades de las mayorías.

1 comentario:
Bueno, me parece un texto agradable, me encanta la forma en como empieza y además, la sencilles de las preguntas las cuales nos permiten conocer la vida de este personaje de un aforma amena... Pero sobre todo, me gusta el consejo que Carlos García culmina la entrevista ya que como comunicadores debemos conocer el medio donde habitamos para poder surgir desde donde somos
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