Por Istmenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
A propósito de inviernos, no se trata de ‘llover sobre mojado’, del tema se ha escrito mucho pero el problema persiste. Con lluvia y todo me ha dado últimamente por caminar más de lo que regularmente hacía, como un buen hábito que intento no perder, en una ciudad donde los tiempos y espacios aún lo permiten con las precauciones requeridas y el saludable efecto que reconforta. Lamentablemente me reencuentro a diario con la triste réplica del problema de las calles: segmentos sin concluir, remedos de andenes que no son más que retazos o vestigios de que algún día allí hubo un espacio continuo, duro, sin desniveles ni huecos para que circularan cómodamente las personas, o sencillamente, huecos rellenos de restos de construcción que remedan un espacio duro para pisar y que aún portando un calzado cómodo terminando obligándolo a uno a tirarse sobre el calle a guerrear con los vehículos y evadir el salpicado de algún charco.
Y hay ejemplos por doquier, aún en el centro histórico, donde todos los años debe aplicarse el decreto de enlucimiento previo a la Semana Santa, producto de la cómplice indiferencia y descuido de los propietarios y los propios despachos oficiales. Hay lugares relevantes en las algunas ‘avenidas’ mayores y menores y qué decir, de sectores aledaños a colegios o sectores de alta fluencia de público, como el Instituto Técnico Industrial, donde el tramo está lleno de boquetes, remiendos y desniveles que para nada invitan al disfrute del espacio público, un derecho colectivo que pocos o nadie parece importarle defender en Popayán. Solo basta pasar todos los días por la calle 25 Norte con su ampliación de andenes y área para bicicletas –casi sin estrenar- para escuchar la queja repetida, “que se redujo el carril... que se generó trancón… que los carros…”, en fin, nadie defiende el derecho del peatón a gozarse la caminata por un lugar que invita a ese básico disfrute. Lamentable que la acertada propuesta de movilidad de este proyecto se ignore por los cada vez más amigos de la movilidad sobre un vehículo de motor.
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Sin buses pagos, tamal y aguardiente incluido como en otras concentraciones políticas de antaño, a pie y a ‘palo seco’, llegaron al final de la tarde del miércoles decenas de jóvenes, especialmente estudiantes universitarios, profesionales y hasta ‘viejos verdes’ y se apostaron disciplinada y jovialmente en la plazoleta de San Francisco para escuchar los planteamientos de virtual ganador de la Presidencia de la República, según la última encuesta, Antanas Mockus. A puerta cerrada en el templo se escuchaba la misa vespertina, mientras afuera sin desórdenes, el candidato habló de lo sagrado de los recursos públicos, hizo un ejercicio gráfico de ‘la confianza’ y hasta bailó con poco ritmo una de las canciones de la campaña, entre los aplausos, los gritos de Ligia y los comentarios de espontáneos y hasta veteranos de las tradicionales contiendas políticas azules y rojas. Algunos mirones desertaron apenas empezó el ejercicio nada ‘veintejuliero’ y los estrenados votantes parecieron gozársela como anticipo a la pronosticada celebración del próximo 30 de mayo. Acertado o no el pronóstico, la llamada ‘ola verde’ también se tomó a Popayán, sin jefes ni grandes electores empujando sus ‘clientelas’ electorales. Entretanto, en el Facebook sigue la ‘guerra’ virtual de grupos a favor y en contra, como una nueva expresión de las pasiones que sigue despertando la política en un país presidencialista.
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