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“El amor de una madre no percibe imposibles”
Paddock
Mientras el comercio local cifra sus esperanzas en los buenos dividendos que les deje la conmemoración del tradicional domingo en homenaje a las madres, dadas las indiscutibles pérdidas económicas que ha tenido en el primer semestre del año, las autoridades de salud hacen lo propio, previendo un verdadero ‘acuartelamiento’ para afrontar las consecuencias de una fiesta rayada por las ya tradicionales expresiones violentas, como consecuencia, principalmente, del abuso con el alcohol.
Esta celebración que es otra importación directa de los EE.UU., lo mismo que el Halloween y que ha calado profusamente en nuestro país, representa ventas a granel no solo en almacenes, también en restaurantes y otros centros de comercio. Pero lamentablemente el más duro guayabo para muchas es una vez concluida, cuando terminan junto a su hijo en un hospital o en el peor de los casos, en el propio cementerio. Así de cruel pero real: más dolor para aquel ser que lo ha dado todo, que en su infinito amor siempre perdona.
Por eso el mejor homenaje que le podemos brindar a ese ser maravilloso que nos trajo a la vida es mucho amor, de nada valen todos los obsequios y regalos del mundo si nuestras acciones contribuyen a su dolor. El alma de las madres aguanta pero igualmente se lacera y sangra, por eso tiene muchas cicatrices.
De hecho ya muchas están hastiadas de la violencia cotidiana por cuenta no sólo de sus hijos, por sus esposos y compañeros, expresa en maltrato físico o psicológico, como del chantaje sexual, la explotación económica y las condiciones desfavorables en una sociedad todavía machista.
Y por supuesto, qué decir del dolor de todas aquellas en nuestro país que siguen esperando el regreso de un hijo secuestrado o desaparecido, llorando su muerte en las filas del ejército, de grupos irregulares o delincuenciales y hasta víctimas de los mal llamados ‘falsos positivos’.
Hay tantos motivos para invitar a dar mucho amor a una madre no sólo en este día, sino todos los que sean posibles. Su alma engendra en muchos casos tanto dolor, tantas angustias y sufrimientos.
Y qué decir de las madres solteras o aquellas que llegan a la maternidad sin proponérselo tempranamente, cuando apenas empiezan a hacerse mujeres. Un drama creciente no sólo en nuestras ciudades, también en nuestros campos, por cuenta de la incomunicación con sus padres, el abuso, la falta de educación e incluso, de amor.
La vida moderna ha modificado los roles y particularidades de las madres, que aún luciendo más tolerantes y comprensivas parecen seguir en el presente no igualmente preparadas para este noble misión, donde lo que más se le sigue demandando es amor. El mismo regalo que sana todas las heridas, compensa todos los sacrificios, temores, esfuerzos y luchas de su deber ser. Por el infinito amor que nos dan, no dejemos de retribuírselo.
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