Periodista de profesión y convicción.

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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

jueves, 24 de junio de 2010

Del festejo al discurso

Por Istmenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com


Una campaña calificada por muchos como interesante e histórica como la Presidencial que acaba de pasar, no podía menos que tener un final igualmente interesante en un día atípico con el frio augurio de la lluvia y la emoción de los goles del mundial. Pero no fueron solo las cifras y las circunstancias finales, el contraste mismo del cierre, los discursos y el show mediático al que muchos dirigentes no pudieron resistirse y digno de un interesante análisis de estudiosos de las ciencias humanas y sociales. Asistimos de nuevo a una puesta en escena de los contrastes de este país y el anticipo de lo que seguramente marcará el estilo del nuevo gobierno, continuista pero con el sello personal de Juan Manuel Santos y el efecto de la convergencia política de los partidos que se sumaron a la coalición ganadora.
Lamentablemente en el Cauca cuando apenas acabábamos de ver la transmisión en directo con el pronunciamiento de Antanas Mockus, el festín con confeti y al estilo gringo en el estadio El Campín de Bogotá de Juan Manuel Santos, Presidente electo, invitando a la “Unidad Nacional” incluso a su adversario, aquí los discursos fueron bien distintos.
Esa misma noche y en las siguientes horas escuchamos a la hora de los balances en la radio local el viejo discurso sectario de quienes se acostumbraron a manejar el departamento como una finca de su propiedad. Discursos de capataz recordando autoridad, logros, hazañas, poder, pasado y presente, matizado con nuevas amenazas de retiro si la compensación burocrática en el escenario local regional no es consecuente con los nuevos guarismos e incluso, con mofas hacia quienes no se subieron al bus de la “Unidad Nacional”.
A más de un desprevenido ciudadano se le refrescaron las viejas formas de hacer política, mientras a los nuevos votantes se les dio una clase gratuita del tema. El tono sonó mezquino, unanimista, intolerante. Deplorable escenario para un departamento al que no le basta con el augurio de la continuidad de unas obras públicas y nuevas representaciones para la dirigencia y su clientela política, que requiere construir escenarios de verdadera convivencia, reconciliación y unidad. Pero no será con la soberbia y amenaza de rejo de un capataz. No es así, se equivocan, como tantas veces y por eso estamos como estamos.
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Agradezco los comentarios en la Web a la columna anterior, donde solo hice unas cortas referencias a las principales encrucijadas sociales del Cauca frente a la coyuntura presidencial. La corrupción, merece un capítulo especial, estoy de acuerdo, es tal vez el motor principal de muchas de nuestras desgracias. Los responsables están ahí, siguen ahí con la complicidad y la reacción tardía de muchos. Poco o nada hacemos para que eso cambie.
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A buena hora la Alcaldía anuncia campañas de educación ciudadana. Popayán, la ciudad de antaño, la culta, sigue siendo un bello patrimonio no sólo arquitectónico, también de valores que hay que transmitir y legar a las nuevas generaciones que la habitan. Eso implica estrategias acordes a la nueva sociedad que tenemos, sostenidas en el tiempo –especialmente- para estimular nuevas prácticas en todos los espacios comunicativos posibles.

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