Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se requiere
Debajo del cielo tiene su hora”
Eclesiastés 3:1
Entre discursos de alegría, renovación y esperanza por cuenta de la celebración de la Navidad y la llegada de un nuevo año con cambio de gobiernos incluido, rondan verdaderas tragedias y caos. No son estos tiempos para vanagloriarse del modelo mercantilista que nos ofrece la temporada. En toda Colombia han caído los más largos y fuertes aguaceros de los últimos tiempos, toda clase de emergencias a las que no podemos ser indiferentes. Para muchos, una Navidad sin servicios básicos como agua, luz, teléfono y gas, con el ‘agua al cuello’, ahogados por el lodo. Familias enteras cargando al hombro sus hijos, animales y lo poco que les quedó luego del desbordamiento de caños, ríos y quebradas, incluso en edificios de apartamentos, llorando sus muertos y desaparecidos o la pérdida del trabajo. Para muchos todito se lo llevó este invierno.
En Popayán, Cauca, también han llovido tragedias y damnificados, como vendedores ambulantes, que se multiplican con el paso de los días contribuyendo al caos de la temporada especialmente en el centro de la ciudad. Los andenes se llenaron de toda clase de cachivaches, que compiten con el aguacero, el paso de vehículos y peatones. Sólo falta que en el andén nos ofrezcan electrodomésticos a cómodas cuotas mensuales. Y mientras nos gastamos la platica de fin de año en toda clase de cosas, más cerca que lejos encontramos hermanos de toda condición y estrato, duramente afectados. A muchos se les enlutó o embolató algo más que la tradicional celebración y el viaje de fin de año. Los pronósticos de prosperidad son ahora otros, como el rezago vial y qué decir en territorios como el Cauca, donde el problema es de vieja data y no sólo por cuenta del clima.
Sin adornos ni dramatismos debemos reconocer que esta como la del año anterior no es una navidad cualquiera. El mundo comercial nos invita a derrochar mientras el medio ambiente, a la prudencia, la mesura. Los expertos, a trabajar en equipo para ser menos vulnerables, con fórmulas muy concretas: Entender el clima, pensar a futuro, asegurarse, darle espacio al río para que el agua corra donde corresponda, fijarse metas y monitorear infraestructuras (Semana diciembre 22).
Más que repetir las cacareadas frases de tiempo de amor y reconciliación, es hora de darle otro sentido, desprendernos de algo en la comodidad que aún conservamos frente a la adversidad de otros. Solidaridad y responsabilidad. Estos ya no son los tiempos de ayer, no vale lamentarlo. El planeta todo está en emergencia, necesitamos que todos asumamos la prevención delas tragedias, desde los gobiernos que recibirán bastos territorios en crisis, hasta los campesinos, constructores, mineros, profesionales y desempleados Vivimos nuevos tiempos y nuevos retos. Todos podemos decidir cómo y cuáles son los cambios que vamos a implementar, tal vez para poder sobrevivir.

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