Por Istmenia Ardila Díaz
Mucho se ha escrito sobre los veranos de Popayán y sus alrededores, los bellos atardeceres, los arreboles de fantasía sobre su limpio cielo y la memoria de los paseos de antaño para veranear. Hermosas páginas cuya fuente de inspiración sigue vigente. Sin embargo, hoy debemos hablar de la ciudad de estos días, la fea Popayán de invierno, la agitada, desordenada y sucia. Porque en medio de las fuertes lluvias de los últimos días, salen a flote algo más que trancones, barro, basuras, alcantarillas tapadas, malos olores y resfriados. Volvemos la mirada sobre los ríos y quebradas que atraviesan la ciudad, los contrastes de los sectores aledaños y los riesgos a que están expuestos. Recordamos las invasiones que crecen por sus riberas sin soluciones a la vista y los abusos de los urbanizadores pasando los límites y haciendo trampa a las autoridades, con verdaderos adefesios por los que nadie responde. Advertimos la falta de limpieza del sistema de alcantarillado y de arreglo de huecos, algunos que hasta les han celebrado cumpleaños. En las calles, ante el alboroto de la temporada decembrina, el desorden se hace más evidente, compartimos un panorama gris, frío y agitado. Mientras el conductor se queja por los trancones y los problemas de movilidad, aún más evidentes, el ciudadano ‘de a pie’ rumia esquivando los charcos que inundan calles y andenes por culpa de los huecos, sortea el paso entre la salpicada abrupta de un vehículo y los miles de virus que inundan el ambiente. Las tardes perdieron la parsimonia, en el centro histórico el peatón pelea el escaso andén con los avezados vendedores ambulantes retando a la lluvia y cuidando que no le saquen un ojo con alguna sombrilla. El desorden es total, especialmente en las llamadas ‘horas pico’, los taxistas se dan el lujo de decidir a dónde ir y a qué precio –el norte está vedado- y las busetas a reventar, llenan su interior como si transportaran bultos de papas, ante la presión del peatón poco dispuesto a esperar en el frío andén, esquivando el aguacero y la gripa. Y qué decir de las tradicionales plazas de mercado, a donde hay que ir en botas pantaneras. La del barrio Bolívar es el mejor ejemplo. El pésimo estado de las vías que circundan la galería es indiscutible, hay que usar botas pantaneras para capotear el barrizal, esquivar paraguas, carretillas y raponeros.
En Popayán por estos tiempos las tardes tienen aguacero propio y aún sin nube alguna en el cielo, hay que salir de casa temprano ataviados de botas, sombrilla, abrigo, bufanda y una buena dosis de paciencia. Nada distinto a lo que viven otras ciudades como Bogotá, con peores efectos hasta el momento. Pero como sabemos que por cuenta del cambio climático esta no es una situación circunstancial y lo seguiremos viviendo, en buena hora hay que empezar a hablar de esto y todo lo ‘feo’ que sale al descubierto en medio del torrencial aguacero, aunque muchos preferirían que no se escriba. Igual, lo que necesitamos es respuestas.
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Empleo, sigue siendo la consigna para el nuevo alcalde, Francisco Fuentes Meneses, quien recibe la ciudad con el primer lugar de desempleo. Mucha expectativa frente a las estrategias que implementará un empresario hecho a pulso. La lista de prioridades también reclama a gritos, seguridad, movilidad, inversión social, celeridad en las obras públicas y cultura ciudadana.
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