Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@hotmail.com
Las largas filas con madrugada incluida frente al Banco Agrario en las últimas semanas en Popayán, nos traen un ingrato recuerdo: la caída del DRFE y todas las demás ‘pirámides’ que en el año 2008 le cambiaron la historia reciente a esta ciudad y al departamento. Sentimientos encontrados se vivieron especialmente en el segundo semestre del año, cuando las generosas ganancias de hasta el 200% por ciento por las inversiones en el popularmente llamado ‘hueco’ de Popayán, dieron primero para casa, carro, viajes y otros placeres, pero como en una fila de dominó, en el mes de noviembre se desplomaron estrepitosamente, llevando a la ruina y la pérdida de miles de millones.
Pasados tres años cada quien expía sus culpas. Se dice por ahí que a muchos les da vergüenza ir a hacer la larguísima fila en pleno parque Caldas para reclamar 170 mil pesitos mientras se lloran todavía los miles o millones perdidos, la casa, el carro y hasta el préstamos bancario.
Allí se cuentan hasta miembros de las más encopetadas familias y profesionales de la ciudad. Ya no hay ni el dinero ni la posibilidad para pagar el ‘ficho’ o el paso rápido a la ventanilla, ni el tráfico a la sala VIP de aquellos tiempos en la captadora, para ‘meter’ el dinero en el ‘hueco’. Cuántas historias y heridas que involucran la vida de muchas personas.
Lamentablemente este hecho doloroso fue un augurio más del gran ‘hueco’ al que se fue la ciudad y la región, no sólo económico, también moral y espiritual. Desde entonces todo aquí ha sido complejo, nos subimos al ranking del primer lugar en desempleo, se disparó la delincuencia, el micro tráfico y el consumo de estupefacientes, la informalidad, la corrupción y hasta la decadencia política, que ya tenía muy diversos protagonistas.
En estos días la multinacional Convergys desiste de montar en Popayán el esperado Call Center que generaría al menos 250 empleos directos, argumentando el orden público. Todo lo contrario, es ahora cuando necesitamos que una empresa de tal magnitud, de muestras de generosa responsabilidad social y motive una iniciativa de este orden, por supuesto, rodeada de todas las fuerzas vivas de la región. Lamentablemente con el capital de payaneses, caucanos y foráneos residentes en esta tierra no ha sido posible gestar mayor empresa. Dinero hay, como se confirmó en el triste episodio de las pirámides, pero no hay vocación ni decisión de invertirlo en una iniciativa empresarial. Historias y muestras hay muchas en la historia reciente –recordemos la ley Páez-. Siempre esperamos que otros vengan a invertir a riesgo, cuando los propios no le apostamos a creer en lo nuestro. Aquí seguimos viendo la fuga de cerebros y adolecemos de una verdadera campaña –no frases ni discursos-que motive la fuerza interior y espiritual para defender y forjar un mejor territorio. Lo estamos dejando en manos de extraños, violentos, patronazgos a quienes sólo les interesa el poder o el dinero a costa de sangre, pobreza y dolor. Las heridas son muy grandes. Este pueblo adolorido, quejoso, necesita una inmediata intervención del gobierno con una decidida inversión social, no más paños de agua tibia. Necesitamos convocar y dar real participación a las mejores mentes y espíritus para generar con fuerza, desde todas las entrañas sociales verdadera confianza y propósitos comunes. Pero esto necesita grandeza y líderes verdaderos y auténticos, que encarnen con decisión y sin patrañas la recuperación del Cauca. ¿Nos seguimos hundiendo?.

No hay comentarios:
Publicar un comentario