Por Ismenia Ardila Díaz
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En el Cauca no hay mucho que celebrar este 9 de febrero, tradicional día del periodista. La Federación Colombiana de Periodistas acaba de revelar en su informe anual que este es el departamento más inseguro para ejercer la profesión: 36 agresiones a periodistas en el último año. No es para menos: aquí tenemos todo un país en el departamento, no sólo por la diversidad de climas, etnias y culturas, todas las expresiones del conflicto armado.
Pero el problema no es sólo la violencia cotidiana, mientras cree el número de reporteros y aspirantes a periodistas, las condiciones del gremio siguen de mal en peor. En tierra de desempleados y de guerra, los periodistas hacen toda clase de malabares para sobrevivir a toda clase de riesgos, pasando no sólo por los de su vida, económicos y de salud, especialmente. Lograr una pensión es privilegio de pocos –que lo testimonie Truman Uribe- y si no fuera por la pasión del oficio y las historias de a pie, no valdrían la pena las úlceras y las canas de muchos.
Hablando con franqueza, ser periodista hoy en el Cauca es aceptar que todos nos llega tarde aunque aquí nació la república; vivir de la pasión del oficio, negando cualquier ascenso social; capoteando la oficialidad, los poderes y las violencias de siempre para no caer en la mediocridad, la comodidad y la desesperanza; viviendo del colegaje y el disfrute de las historias, los testimonios y la fuerza de un entorno diverso; amando las diversas formas para narrar los rostros de la brecha social que nos rodea, metiendo 'goles' a nuestra manera.
Por eso si algo hay que celebrar el día de hoy es la cuota de sacrificio personal de muchos reporteros para llevar su oficio con dignidad y decoro. Hay que celebrar y felicitar a aquellos que con entusiasmo, humidad, creatividad y profesionalismo no se dejan permear por el resentimiento y le dan valor y verdadero sentido al oficio.
El mejor periodista no es el que necesariamente se las sabe todas, pero sí el que más pregunta, más indaga y busca, asumiendo el riesgo de la irreverencia. Por eso en un día como hoy ojalá llovieran cursos y libros, no botellas de licor. Así como en el periodismo nunca terminamos de aprenderse, más que pregonar y escribir, nunca nos cansemos de leer.
Y ¿por qué no? en vez de repetir cómo nos vemos, ¿qué tal si preguntamos cómo nos ven?

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