Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@hotmail.com
Da grima y dolor de patria, la lectura de los informes titulados “la ruta del oro en el Cauca”, del joven corresponsal del diario El Espectador, Edinson A. Bolaños, cuando el concierto de bombas y balas todavía zumba alrededor de Timbiquí. Porque aparte de los dolorosos detalles, nada de lo que allí se diga se desconoce, la pregunta sigue siendo: ¿Por qué no se actúa de manera contundente y efectiva para romper el sino trágico de los pueblos afro del pacífico caucano?
“…Son aproximadamente tres mil los afro descendientes que aguas arriba del río Timbiquí, en los corregimientos de Santa María y Cheté, acompañan a las clasificadoras separando el oro de la tierra movida. En cada entable, que según el comprador puede medir uno o dos estadios de fútbol, hay trescientos de ellos escarbando en una cocha que a simple vista parece aguabarro. Arriba, dos uniformados que dicen pertenecer a ‘Los Rastrojos’, con lista en mano van turnando a la gente para lavar el oro puro de 24 quilates…”
Hace rato se viene hablando de las 40 retroexcavadoras que ingresaron en los últimos meses, donde nunca ha podido llegar una carretera y menos un automóvil, pero sí entrado consecutivamente pesada maquinaria para operar de manera ilegal e inhumana la explotación del codiciado metal.
Santa María de Timbiquí, un pueblo enclavado en la selva caucana y perdido a su suerte. La compleja ruta para llegar entre esteros, en lancha y canoa, fue fácilmente capitalizada por los mercaderes de la ‘mancha amarilla’. Todavía está fresco el recuerdo de la presencia de ingleses y rusos tras el codiciado metal, cuyos vestigios quedaron a orillas del río Timbiquí. Dicen las crónicas que ahora son antioqueños, cordobeses, chocoanos y vallunos quienes explotan el recurso y someten a los nativos, a más de la presencia de las Bacrim y la guerrilla de las Farc. Hasta se habla de políticos involucrados…
“... Allá no hay distingo de raza o edad para “trabajar“. Los niños también acompañan a sus matronas. Algunos de ellos lo hacen, y luego a las dos de la tarde suben a recibir la capacitación del frente 29 de las Farc en la Escuela de Pensamiento Comunista... En ese mismo salón estudiaban los de preescolar, primaria y secundaria. A los palenques, lavadores del codiciado metal, no les pagan por gramo, sino por día: $10.000. El mínimo son diez gramos.. quien viole la norma no vuelve a ver el amanecer…”.
Porqué no diseñar estrategias con la espectacularidad de operativos que dieron de baja a los máximos cabecillas de las Farc y liberar a estos pueblos del yugo histórico de explotadores y violentos que los someten? Las denuncias y relatos de prensa no bastan, pero son necesarios hoy y todos los días, mientras seguimos esperando la acción integral de las entidades del Estado y el alcalde del pueblo clama solidaridad. Ya se ha dicho todo y seguramente hasta premios de periodismo asegurará la peligrosa guerra de los oros, que tiene su propia expresión en la Bota Caucana. ¿Hasta cuándo?
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Gracias a la familia de la Casa Editorial El Liberal por 74 años de periodismo sostenido con enormes dificultades para llevarnos a diario las noticias para acompañar el desayuno. Escuela de periodismo por excelencia. Hay que pasar por la redacción del diario local para conocer, vivir y experimentar con creces el noble pero vilipendiado oficio.

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