Por Istmenia Ardila Díaz isardiaz@gmail.com
Quién lo creyera, a comienzos de año la gran mayoría pensó que esta sería un campaña presidencial sin sorpresas, aburrida, más de lo mismo. Pero el fallo de la Corte Suprema de Justicia tumbó la reelección, entonces la política tomó rumbos insospechados y con un matiz extremadamente mediático. Por eso en los atrios a diferencia de otras épocas ya no se habla de lo que planteó el jefe político o el líder X o Y sino, de los matices de los 9 candidatos, de lo que acaba de decir o se dice de tal o cual aspirante por la radio, la televisión, la internet, la cuña… en fin, no sólo los rostros de aspirantes y electores se reconfiguraron, sino también las propuestas, las miradas del país y otros elementos ambientaron de manera interesante el esperado debate y seguramente la decisión de los colombianos en el país y el exterior; al punto que ya muchos declaran abierto cansancio y cuentan los días para que llegue por fin el 30 de mayo, a pesar de que ha sido la campaña más corta pero activa en la reciente historia nacional.
Claro que el protagonismo no ha sido solo de los candidatos- incluidos los que no invitan a los debates pero lograron que los incluyan en los informes-, sino del propio presidente Uribe, como en los últimos días, -desde emisoras de provincia a las que nunca accedía un personaje de su talla- para defender su ‘gallinita de los huevos de oro’, para que no le cambien el ‘rumbo’ y se engüeren, usando un símil campechano. Situación que ratifica una vez más el valor que tomó la retórica del discurso y echando mano de cuanto medio disponible haya. O si no, analicemos toda clase de piezas publicitarias para confirmar el valor que adquirieron. Sin duda esta ha sido una corta e intensa campaña donde los electores difícilmente han podido marginarse de su conocimiento, con el protagonismo de las encuestas y los debates, también marcados por los contrastes –que ya algunos califican de micro entrevistas-, que le pusieron el pulso a las agendas públicas, mecánicas de las que también se polemiza. Tuvimos también el estreno de las redes sociales, propias de la era Obama, publicidad negra, ‘picardías’ publicitarias, impostación y participación de artistas y bandas sonoras en todos los ritmos -desde el tradicional vallenato hasta la champeta- y qué decir de los temas: pasamos de los temas tradicionales y la coyuntura diaria –bastante prolífica- hasta la odiada y popular corrupción, la moral, la ética, que si los candidatos consumen o consumieron marihuana, si creen en Dios, etc. Algunas, veladas formas de poner al país en blanco y negro, como única mirada válida. Bueno, ya algunos auguraban que lo que vendría no era la era del cambio sino el cambio de era. Ahí veremos.
Pero esto emociona, no asusta, anima, ojalá toda esa pluralidad de voces contribuya a la formación de una mayor conciencia del valor de la política y del poder del elector, para que la liguemos más allá de las elecciones y muchos ciudadanos del común no la reduzcan a la venta de su voto o a la instrucción de un directorio, avancemos en la construcción de una mayor cultura política, que nos permita comprometernos más con el país que tenemos.
Por eso ojalá muchos más colombianos salgan a votar este domingo masivamente y a conciencia, para derrotar no sólo el miedo contra los violentos sino también a aquellos que se usufructúan de la política, sin presiones, sin amenazas sobre su futuro laboral o económico, en favor colectivo. Y por esas nuevas circunstancias es que nos preguntamos este domingo para dónde caminarán Colombia y el Cauca, qué ‘rumbos’ y colores tomarán, si la mayoría se vestirá de los tradicionales azul y rojo o si esto será un verdadero arcoíris.
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Y tal vez en la resaca electoral no haya sorpresas en temas como Cedelca, por ejemplo, donde persiste la calma chicha: entre la protesta ciudadana y los silencios institucionales.

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