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Como lo hemos dicho antes, ahora los periodistas y comunicadores sociales en Colombia tenemos dos días de conmemoración: el tradicional 9 de febrero y ahora el 4 de agosto por cuenta de una ley que pocos o nadie reconocen y que no resolvió nada. Absurdo desde todo punto de vista. Dos celebraciones y ni una sola solución a los problemas históricos del gremio. Siguen los salarios de miseria, el guante de seda de la publicidad como instrumento de presión y manipulación, la falta de capacitación, mística y ética de muchos que han hecho de este poder un instrumento para resolver problemas de estómago. Hay que seguir alentando a aquellos que además de su cuota de sacrificio personal se pelean el derecho a disentir con argumentos, formación y dignidad.
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Asumió el nuevo Congreso de la República, estamos ad portas de la posesión del nuevo Presidente de la República y el lema de la “Unidad Nacional” sigue ganando adeptos. Sin embargo, en el Cauca, algunos parlamentarios no se pueden ni ver las caras como consecuencia de las recientes heridas que dejó el debate electoral. Aquí el discurso del electo presidente no ha calado, la política sigue con los mismos protagonistas, discursos y prácticas. Está por verse que esto cambie.
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La inseguridad en Popayán sigue tomando ribetes dramáticos y requiere algo más que policías en las calles. El drama social está a la orden del día. El desempleo sube, los precios bajan porque no hay quién compre. La bomba social de la ciudad sigue poniendo muertos por cuenta de sicarios y ladrones de celulares a los que ya se les suma una lista no despreciable de asesinatos especialmente de jóvenes. Pero parecemos no inmutarnos. El problema no es sólo de las autoridades, ni se trata de hablar mal de éstas, hay que reconocer que los síntomas del problemas son muy graves y se requiere un plan integral de choque que convoque a involucre al grueso de la sociedad, mucha más gente pensando y actuando porque todos estamos en riesgo o ¿vamos a seguir esperando que nos toque?
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Vergonzosa la lista de funcionarios investigados y sancionados hasta el momento en el Cauca, y de lo que falta por destapar. Tal vez por eso nos visitó esta semana el Zar Anticorrupción, donde hasta se habló de la complicidad de los medios. Ojalá se haya llevado en su maleta algo más que quejas. Aquí la historia de la contratación oficial como en el resto del país tiene un vergonzoso capítulo donde más de uno se rasga las vestiduras y se da golpes de pecho negando la situación. Lamentablemente las grandes desigualdades, la falta de valor civil y la complicidad de una sociedad siguen alimentando estas prácticas bien difíciles de demostrar pero de las que muchos hablan especialmente en los mentideros políticos. Una historia no oficial todavía por contar.
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Dramático el llamado de atención realizado por un diario nacional hace algunos días: Cada dos días se suicida un menor de edad en Colombia. Nuestro país no es la excepción: Una sociedad que estimula el éxito individual y una dinámica familiar que se transformó o eliminó los espacios de comunicación, dejándolos a merced de la tecnología y las exigencias de la sociedad de consumo, entre otros.
En ciudades como Popayán donde las posibilidades de recreación y apoyo a la actividad cultural son mínimas, este también es un tema para privilegiar en la agenda pública con el concurso de instituciones, líderes sociales y comunitarios.

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