Por Istmenia Ardila Díaz
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Mucho se ha hablado en las últimas semanas de niños, niñas y adolescentes en nuestro país. Protagonistas en primera línea de las noticias por los altos índices de delincuencia, desempleo, suicidio, embarazos tempranos… Complejo futuro, qué decir, presente de la sociedad, porque su futuro es ahora, ya, con ellos. Más allá de la espectacularidad de las informaciones, el tema requiere serios análisis y acciones urgentes. Paralelo al debate de la responsabilidad penal de los menores infractores, está el fracaso del proyecto de educación sexual de la escuela colombiana frente a la sobreoferta en los medios masivos, la soledad, el egocentrismo y la falta de oportunidades que ronda a las nuevas generaciones… la responsabilidad social que esto engendra.
Los jóvenes constituyen sin duda hoy una población en altísimo riesgo que exige verdaderas acciones de inclusión que combatan el crecimiento del ejército de desempleados, sin más opción de recreación que el consumo de alcohol y sustancias alucinógenas, la rumba, sin mayores aspiraciones de prosperidad e utilidad a la sociedad. Solo basta observar el entorno local para reiterar que a muy pocos parece interesarles el tema y los talentos y liderazgos que logran fungir, tienen una altísima cuota de esfuerzo de las familias, con mínimo acompañamiento del Estado. Acciones productivas en pro de una óptima formación intelectual, bienestar físico y espiritual donde caben el estímulo a la recreación, el deporte, el arte, la cultura, en general, cada día son mas escasas en la agenda oficial y la política en esta materia se queda en mera letra muerta. En materia cultural, por ejemplo, escasamente nos quedamos en eventos masivos de promoción donde desfilan toda clase de talentos que si quieren avanzar en su proyecto de vida desde esta perspectiva, deben echarle mano a una angustiosa gestión. Atrás quedaron las escuelas de talentos de todo orden, quien quiera avanzar en esta materia debe asumirlo a todo costo o buscar patrocinios en otros espacios. Que hablen los jóvenes deportistas y músicos…
Hasta en la actividad política los jóvenes no son más que utilizados para hacer montonera. Poco interesa promocionar el desarrollo de destrezas y liderazgos con responsabilidad social, a lo que se suma su propia indiferencia por salir de la inercia en que los llevan las nuevas tendencias sociales. Inercia de unos y otros actores de la sociedad que zanjan igualmente el camino de su infelicidad.
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No se trata únicamente de ‘tirarle las piedras’ al sistema estatal y sus agentes, válido traer a la memoria algunas de las reflexiones del psicólogo Miguel de Zubiría, Director de la Liga Colombiana contra el Suicidio, en reciente conversatorio en la Universidad del Cauca. Se pregunta: ¿Por qué estamos formando una generación de infelices? y enumera 3 errores que los padres estamos cometiendo en la crianza de los hijos: el concepto de la libertad, el error de dejarlos hacer lo que quieran. El segundo, creer que padres e hijos son iguales, pretender ser amigos de los hijos, los padres son padres y los hijos son hijos, porque sino no hay principio de autoridad y autoridad significa guiar, orientar, se debe tener un referente de autoridad en la educación de los hijos. Finalmente, creer que a uno lo deben querer como uno es, con la idea de que me quieren porque sí. Eso es falso, según el experto, porque el amor se enseña, esa equivocación de creer que primero debo amarme a mí mismo y luego a los demás, está llevándose a extremos.
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