Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
Tres instituciones se unieron acertadamente para protagonizar en el Teatro Guillermo Valencia un bello acto académico-cultural que destacó un patrimonio cultural aún por descubrirse y preservar: los violines de negros del Cauca. Llamados así para diferenciarlos de los intérpretes del instrumento y la música universal, constituyen un reducido grupo de afro descendientes habitantes del departamento del Cauca que han mantenido la tradición de hace dos siglos y que empezó a reconocerse a raíz de la participación en el Festival del Pacífico Petronio Álvarez en Cali, donde en el 2008 se creó la categoría de “violines caucanos”.
En el marco del programa “El Cauca le canta a Popayán”, establecido por la administración del teatro para dar espacio a la cultura de la región en el máximo templo del arte de la capital del Cauca, iniciativa que goza del respaldo de la administración municipal y con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Cauca en el marco de los 183 años de la Alma Mater, los asistentes disfrutamos de la presentación de un vídeo documental que recoge la investigación liderada por la docente Elizabeth ‘Paloma’ Muñoz y el testimonio vivo de los músicos que conservan esta tradición, oriundos de la vereda El Palmar, de Santander de Quilichao.
‘Paloma’ lució visiblemente emocionada y no era para menos, ha trabajado desde hace varios en la recuperación de las tradición musical de los afros del Cauca, en lo que denomina un transepto cultural que atraviesa de norte a sur el Cauca con esta vivencia cultural y conecta a la Popayán colonial y esclavista con Mercaderes, el valle del Patía, El Tambo, Cajibío, Suárez, Buenos Aires, Santander de Quilichao, Puerto Tejada y Caloto. El documental pone en escena cómo las comunidades afro del Cauca en condición de esclavos se relacionaron con un instrumento tan europeo a través de las comunidades religiosas y en las haciendas. A través de la imitación, husmeando aquí y allá elaboraron sus propios instrumentos en guadua y crin de caballo y le dieron su propia identidad expresa en la interpretación de bambucos, fugas, bundes y torbellinos que hablan de su cotidianidad y resistencia.
Luego, con la humildad y la alegría que les caracteriza, los campesinos de la vereda Palmeras de Santander de Quilichao, bajo la dirección de Luis Edel Carabalí, quien aprendió de la ‘herencia de su apá’, arribaron al escenario y encendieron la alegría de los asistentes. La música habló por si misma, los hizo los únicos protagonistas, como debe ser, de eso se trata, de que el objeto de la investigación y el reconocimiento de una tradición bajo la guardia de la tradición oral despertara el interés de un público heterogéneo y citadino presente y a través de la señal en vivo del Canal 29. Antes de la media noche partieron a su tierra con el mismo entusiasmo, a continuar su lucha diaria ente otros por la defensa de su riqueza mineral, en los ojos de las multinacionales que los mantiene alerta y en permanente conflicto. Entretanto, los afros del Pacífico, con sus marimbas, también siguen peleándose el derecho a la supervivencia de la tradición y la cultura auténtica frente a la expropiación violenta de que están siendo protagonistas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario