Por Istmenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
Aunque con una buena dosis de desgano por ahora y a la espera del paso de la Semana Santa, cuando se destaparán, como es tradicional, todas las cartas –léase nombres, respaldos, alianzas, avales, propuestas, etc.-, avanza el año electoral en el Cauca. En este contexto es innegable nuestra crisis de liderazgo como la bomba social que nos rodea. Pero seguimos en la quejadera y cada quien pensando y hablando por su lado, incluidos empresarios e instituciones. Como quien dice, sálvese quien pueda. Pero al paso de las semanas sonarán los jingles de campaña invocando el trabajo en equipo, para todos, con todos y por todos… ¿Mero discurso? Interesante si nos sirve de pretexto para repensarnos y movilizar verdaderas acciones conjuntas, más allá de los intereses de los patrocinadores de las candidaturas.
Es claro que una cosa piensa el dirigente político y otra el ciudadano del común, otra el precandidato y otra el gobernante de turno. Imagino por estos días, por ejemplo, al dirigente pensando cómo asegurar la estrategia para que los finalmente elegidos sean los más cercanos a sus intereses, que no le representen peligro alguno y le aseguren sus cuotas; el gobernante de turno, cómo ayudar a que lo suceda alguien cercano, que le ‘cuide la espalda’ de las embarradas cuando deje el cargo; muchos precandidatos, cómo asegurar respaldos, endosar votos y promesas más allá de las propuestas. Del otro lado, los ciudadanos del común, unos totalmente indiferentes e incrédulos de que esto pueda cambiar, otros esperando las propuestas y entusiasmándose o mirando cómo participar o sacarle provecho a las diferencias de unos y otros en beneficio propio. Bueno y qué decir de lo que pensarán los patrocinadores de los candidatos.
Al margen de las propuestas y apuestas, que por supuesto hay que escuchar, contra preguntar y analizar, es fundamental revisar qué hay detrás de éstos, más allá de las palabras y el discurso, porque puede sonar bonito, bien construido, pero sólo eso. Ojo con su historia personal, sus ejecutorias y acciones, sus antecedentes, la personalidad misma, eso que da cuenta de verdaderos liderazgos y capacidades. Y es que algunos creen que ser líder no es más que ser jefe. Lamentablemente, muchos jefes no tienen visión ni liderazgo pero sí poder, para decidir sobre mucha cosas pero no necesariamente para resolver los problemas que urgen respuestas.
Ante la magnitud de la crisis del departamento necesitamos liderazgos forjados con verdadero compromiso, transparencia, inteligencia, creatividad y capacidad de gestión. Además de saber quiénes son realmente, ¿Cuál es su visión del mundo, de la ciudad, de la región? cuál es su capacidad de trabajo? transmiten confianza, autoridad? Entusiasmo colectivo? No basta con pregonarlo, hay que despertarlo, demostrarlo.
Afuera hay un Cauca sufrido que quiere cambiar el rumbo de su historia, que tiene un gran reto, hoy, inaplazable, buscar sus mejores líderes para seguir la dura cruzada que no permita más naufragios. El discurso de la riqueza, la pluriculturalidad, la laboriosidad y el legado histórico no se discute pero raya con las duras realidades que vemos de a pie en nuestras calles, en lo que queda de nuestras carreteras y pueblos, en la angustia de los campesinos que se debaten entre la pobreza, las intimidaciones de los grupos al margen de la ley y la presión hacia toda clase de actividades ilícitas con su destrucción ambiental y cultural.
Coletilla: Huele feo el tema del aseo pero no precisamente por los problemas del relleno sanitario.

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