Periodista de profesión y convicción.

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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

jueves, 24 de febrero de 2011

Entre símbolos e incendios

Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com


Cansadas de los problemas, sin soluciones a la vista y conscientes de vivir en una sociedad mediatizada, las comunidades ya no son tontas, siguen apelando a los símbolos para llamar la atención. Ya no se trata sólo de las polémicas ‘vías de hecho’, para reclamar nombramiento de profesores o rebajas de tarifas, no. En Popayán hemos registrado casos por demás simpáticos, como la celebración del cumpleaños de un hueco y nada más y nada menos, que el cierre de una vía en pésimo estado, donde los vecinos optaron por sembrar matas de plátano, porque “se sienten habitando en una vereda y el terreno se presta más para la agricultura que para el tránsito de los vehículos”. Duro pero cierto y es que para muchos, “ya no hay de otra”, como dicen, para llamar la atención y encontrar una rápida respuesta que termine con meses de calles destapadas u obras inconclusas –léase especialmente de acueducto y alcantarillado-. Es inteligente apelar a los símbolos, sin que cunda la violencia, para reclamar los derechos, para lograr el cumplimiento de lo prometido. De manera creativa se pueden buscar las respuestas esperadas, están en todo su derecho. Bien por esa creatividad y bienvenidas las prontas soluciones.
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Otros que siguen mandando señales - no precisamente de humo-, esperando una rápida respuesta del Concejo y de la comunidad indiferente, son los Bomberos de Popayán. Hace unos meses una ley le tumbó el aporte que hacíamos los usuarios de Emtel. Aún así, siguen firmes, trabajando, aunque el ‘incendio’ financiero los devore por dentro. A diario los vemos actuar en cuanto accidente de tránsito ocurre- cada día más crecientes-. Son los primeros en llegar hasta para bajar un gato del techo. El Alcalde anunció un nuevo proyecto de acuerdo para financiarlos y ojalá en el Concejo lo aprueben tan rápido como otros del pasado reciente, que dieron mucho de qué hablar. Bienvenido sea. No esperemos a que el incendio sea el nuestro. El nomeimportismo nos puede salir caro en una ciudad con históricos y nuevos riesgos, nos puede pasar una cruda cuenta de cobro luego de meses de desfinanciamiento de un órgano civil como los bomberos. Eso sí, han rodado toda clase de chismes por ahí, sobre el supuesto manejo de los recursos del organismo. Basta de murmuraciones, si hay quejas, formúlenlas, fundaméntenlas de manera constructiva si lo pueden hacer, pero no le neguemos el oxígeno a una institución que está al servicio de todos, que cualquier día podemos necesitar y que siempre ha estado presta a servirnos. Apaguemos ese incendio, antes que nos queme a todos.

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