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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

sábado, 30 de enero de 2010

La guerra de los oros. Los nuevos conquistadores

Seguimos el rastro de la Anglo Gold Ashanti que realiza estudios sobre algunas veredas del Municipio de la Sierra en busca de oro. crónica periodística en el sur del departamento del Cauca.

POR ALEJANDRO CÓRDOBA
andres070051988@hotmail.com

“Dicen que el señor Rosendo Benavidez vende su finca en 3000 mil millones de pesos; supuestamente los terrenos que él posee, son los que más reservas de oro contienen… tiene una decisión muy importante en sus manos porque dependiendo de lo que decida correrá la suerte de las demás veredas de la región”.

Llevo una hora de viaje. El bus se ha encargado de arrullarme con el ruido de su motor y las delicias del sueño comienzan a seducirme. Mi cabeza pronto comienza a levitar, pero mi cuello no deja que se eleve más de lo que puede y comienza a dar vueltas como si fuera un helicóptero, queriendo encontrar un lugar donde aterrizar, y al no hallar un sitio donde apoyarse, pronto se va hacia adelante, entonces abro los ojos y la detengo de inmediato; miro a mi izquierda en busca de un testigo de mi torpeza, pero no hay nadie, los pocos pasajeros del bus van adelante. Aún mi cuerpo se encuentra adormecido y mis ojos luchan por no cerrarse; trato de ver hacia la ventana de la derecha para admirar el paisaje, pero una neblina espesa solo me deja ver una gota de agua que se abre camino entre el rocío de la mañana que cubre los ventanales. Mis ojos agonizantes de sueño desfallecen lentamente en busca de la oscuridad que me permitan descansarlos.
Fue imposible seguir durmiendo, el canto inoportuno de mi celular terminó por arrebatarme el sueño “aló, ¿Alejandro? te espero en el ‘bebedero’, ¿por dónde vienes?”. Me acerco a la venta y en medio del blanco paisaje trato de identificar algunas casas. “Ya estoy cerca”.

Después de una hora y 10 minutos llego a la Sierra, un municipio ubicado al sur del Departamento del Cauca y al que le denominan “la puerta del Macizo colombiano”.
Pronto llego al ‘bebedero’. Apenas me paro y el bus se frena automáticamente. La mirada del conductor me sigue a través del espejo retrovisor hasta que me bajo y de inmediato el bus sigue su camino. El fuerte ronquido del automotor comienza a hacerse más débil hasta que desaparece en la distancia.

Ya son la 8 de la mañana y el sol parece despertarse, comienza a disolver lentamente ese velo blanco que desde las primeras horas del día ha cubierto este municipio. A lo lejos alcanzo a divisar a mi guía, a mi “contacto”; una señora de 46 años de edad, de aproximadamente 1.60 de estatura, de párpados casi caídos, líneas al borde de sus ojos, pelo rizado, amarillo que comienza a ser colonizado por el blanco, su nariz como una pequeña zanahoria amarilla y unos ojos claros, que escoltan mi llegada hasta donde ella se encuentra.

“Vamos rápido” me dice, “el camino es largo”, sin más cortesía que un simple saludo y pronto comenzamos a alejarnos de la Sierra, para sumergirnos en las dos veredas que me han llevado contar la historia más reciente de este lugar.

La colonización y conquista del siglo XXI
Hace más de 500 años, los primeros colonizadores que llegaron a América se sorprendieron de las riquezas que las tierras de los aborígenes tenían; quedaron estupefactos con la belleza de la flora, se sorprendieron con los animales desconocidos y quedaron encantados con la amabilidad de las personas del “Nuevo mundo” –como lo llamaron ellos- pero lo que más les llamó la atención de aquellas tierras fue el oro.

El sol ya ha extinguido las nubes, y el calor de los 22 0C comienza a aparecer en mis sienes que destilan pequeñas gotas de sudor. Descendemos por una carretera con medianas piedras que comienzan a agredir mis tobillos; “Dicen que por estas tierras hay Oro”, comenta mi guía. Apenas la oigo veo mí alrededor, todo es verde. “El oro verde abunda por esta zona”, le contesto.

Pronto nos encontramos a dos personas, una mujer trigueña, de baja estatura, viste con una falda anaranjada y una camisa blanca. La falda que solo le llega hasta las rodillas, permiten ver los gruesos coágulos de sangre estancados en sus venas, y las múltiples picaduras de los mosquitos a lo largo de sus piernas; a su lado un hombre un poco más alto que ella, serio, de cara cuadrada y una cabellera corta, negra, intercalada con pelos blancos.

“Buenas, me dicen que hay gente extraña por estas tierras ¿sabe algo al respecto?” le pregunto a Doña Berta, pero me contesta una voz gruesa, la del caballero, quien ha tirado sus cabellos blancos y negros hacia atrás y cuya cara cuadrada de color rojizo y amarillo deja salir una pequeña sonrisa mientras pronuncia con cierta imperfección “son los de la Anglo Gold Ashanti”, termina y se toma la cabeza con las manos, “ellos son lo que andan por aquí”.

“Ah sí”, dice doña Berta, que mientras habla se le pueden ver un diente de oro, y dos del palta opaca que han reemplazado los colmillos, “a veces rondan helicópteros y pasan bien bajito, tal vez están vigilando los territorios” y deja ver todos sus dientes en una sonrisa: el amarillo, los dos plateados y los blancos percudidos por el tiempo. “Sigan bajando, que hay gente que les puede dar más información”, se despiden y siguen su camino, mientras nosotros bajamos cada vez más.

La Anglo Gold Ashanti (AGA) es una de las multinacionales más poderosas del mundo, caracterizada por la explotación de Oro; proveniente de Sudáfrica, ha llegado a Colombia a explorar y a explotar los diferentes territorios del país. Se ha instaurado en departamentos como Antioquia, Tolima, Quindío y ahora en el Cauca.
Son más de la 10 de A.M y el sol es insoportable, sin duda la temperatura se ha elevado uno cuántos grados más; la humedad de la zona que comienza a secarse, hace que el aire se torne viciado, pero en contraste con el sofocante calor, de los árboles emerge un viento fresco, que ayuda a soportar un poco la elevada temperatura de la mañana.

La ingenuidad: nuestro mayor pecado

Nuestros ancestros se impresionaron con la llegada de los españoles, con sus trajes, con sus espadas, con sus arcabuces; nos rendimos fácilmente ante la poca fuerza que los europeos tenían y la batalla que dieron nuestros aborígenes fue mentirosa; la picardía de millones de indígenas se vio humillada por la viveza de cientos de españoles. La malicia indígena apareció en contados episodios de nuestra historia, como cuando quisieron engañar a los conquistadores con la famosa leyenda del Dorado, pero fue insuficiente para frenar el peso que estaríamos condenados a cargar.

Ya nos encontramos en la vereda de Frontino Alto y las casas comienzan a hacerse presentes. Desconozco a toda persona que con sus miradas me sigue desde la puerta y desde las ventanas y aunque mi compañera no conoce a toda la gente, a todos los saluda, porque en el campo, se saluda hasta al desconocido. “Buenas o Adiós” son las palabras que utilizo al ver a las personas en sus casas.

Por casualidad, saliendo de los matorrales, me encuentro con una de las líderes indígenas de la zona, Rosalba, quien lleva consigo un par de panelas en una bolsa de rayas azules y blancas que están a punto de romperse. Es de cara redonda, trigueña, sus encías son más grandes que sus dientes disparejos, pero de buen carisma. Después de que mi acompañante y yo entablamos una conversación, comenzamos a hablar sobre la multinacional “Desde el 2006 llegó a la vereda la multinacional llamada la Kedahda, quien se encargó de hacer los primeros estudios; fueron alrededor de seis meses estudiando los suelos, pero se fueron porque supuestamente no encontraron la cantidad de oro que ellos querían” asegura Rosalba.

A la gente le cambia el tono y la forma de hablar cuando se refieran a esta empresa, hablan con cierto temor, un poco precavidos. Peca mi ingenuidad al creer que todos me dirán la información que necesito. “Además” agrega Rosalba “después de ciertas negociaciones y acuerdos - según los empresarios- llega la Anglo Gold Ashanti, que es la que ya lleva un año por estas tierras haciendo exploraciones”.
La gente está confundida. Dividida. Hay quienes están de acuerdo con la llegada de la multinacional y otros que se oponen a su arribo, para unos con su aparición habrá empleo, para otros la AGA solo traerá consecuencias ambientales, sociales y económicas que podrían ser graves.

“La gente se pone contenta con lo poco que las multinacional ofrece. Hace unos días sacrificaron un vaca y se hizo una comida y muchas personas fueron a que les dieran su pedazo de carne; a otros les dieron como 500 mil pesos, para obras sociales y con eso ya se está comprando a la comunidad” me dice Rosalba que sin más tiempo, coge su bolsa con las dos panelas que ya se asoman por un pequeño hueco y se marcha.

En la vereda de Frontino Alto, debido a la confusión y el desconocimiento que gira alrededor de la AGA se han creado cierto tipo de rumores como los que me comenta don Aldemiro, que lleva viviendo en la vereda más de 40 años. Se encuentra concentrado tratando de pulir un pedazo de metal “se sabe que han venido haciendo unos estudios sobre los terrenos del señor Rosendo Benavidez, dueño de la Finca La Pampa”, menciona sin perder de vista su objeto.
Ni siquiera me mira a los ojos, toda su concentración está volcada hacia la pequeña lámina de metal, habla por inercia “se dice que el vende sus terrenos en 3000 mil millones de pesos”.

Según don Aldemiro una de las políticas de la AGA es no comprar terrenos, solo paga cierta cantidad de dinero por el predio que van a utilizar, es decir los metros de
suelo por donde será extraído el mineral; es como si pagaran arriendo a las personas por las tierras, pero antes de hacer esto tienen que llegar a un consenso con los dueños del predio. “Las tierras de la finca La Pampa es una de las zonas donde más hay oro y su dueño tiene en sus manos el futuro de muchas personas de la vereda. Solo pedimos a la empresa que si llega por estos lados, realice acciones de interés social”, finaliza don Aldemiro que por primera vez deja de observar su elemento metálico. “Esta vereda es muy sana, muy honrada, vive de su agricultura y la minería artesanal y lo que se teme es que con la llegada de la AGA se pierda la calma que durante años ha poseído”, dice muy tranquilo contrario a lo que sus palabras advierten.

Ya es más de medio día, y me dirijo curiosamente a la finca La Pampa que sería vendida por 3000 mil millones de pesos. “¡Cuidado!” Se escucha una voz delgada y veo caer un objeto, como un pequeño plato metálico que va a dar al lado de una estaca metálica, “Cuidado que están jugando tejo” me advierte mi guía. Espero tranquilamente a que la ronda de lanzamientos termine y de inmediato me acerco a una de las personas a preguntarle sobre la finca que busco; un dedo grueso con uñas largas y llenas de tierra me indica la dirección que debo seguir y además me hace una aclaración “Esa finca no es solo de un dueño, tiene varios propietarios”. Terminada la aclaración, sigo mi camino en medio de las casas viejas, las piedras medianas que no dejan de golpear mis tobillos.

Durante mi recorrido he pasado por varias casas y he visto un mismo cuadro; niños de cara sucia y ropas viejas que juegan con unos cuantos muñecos desbaratados o que matan su tiempo deambulando por diferentes áreas de su casa, al lado de las gallinas, las coloridas bimbas o los mansos perros; la mayoría de las personas, además de la agricultura, se dedican a la minería artesanal – cerca de 100 personas- y con eso mantiene a sus familias. No es mucho lo que ganan a la semana pero es suficiente para combatir la pobreza.

La Pampa se encuentra ante mis ojos; nos es la gran cosa en apariencia, su casa al menos no lo es. Su piso de tierra, pollos andando por un lado y por otro, un cuarto lleno de objetos viejos y un enorme desorden alrededor de ella.
Me reciben tres pequeños perros furiosos. Solo laten pero no se atreven a morderme; doy vuelta a toda la casa en busca de un rastro de vida, pero no hay nadie en el momento. “Debe ser que está en la otra casa”, es lo que me dice uno de sus vecinos que sale de su rancho con un gallo de pelea en sus manos. Las ganas de hablar con don Rosendo, el dueño de la finca, se desvanecen, y no me queda otra opción que irme ante la curiosa mirada del gallo y su amo.

La guerra de los oros

El sol ya ha pasado el meridiano y sus 25 0 C comienza freír mi piel y a secar mi cuerpo. Salgo de la solitaria finca La Pampa en busca de mi acompañante y pronto la veo casi metida en una huerta, pegada a la sombra de un árbol que la proteja de los terribles rayos de Sol. Veo razonable su decisión y me uno a su nuevo amigo. 
Esperamos un poco debajo del árbol, a ver si alguna nube se apiada de nosotros y tapa el enorme sol, pero todo es inútil, el cielo parece un enorme mar, sin una sola nube a la deriva.

Aún nos quedaba camino que recorrer, teníamos que llegar hasta la vereda de Zabaletas, atravesada por el rio Esmiata, lugar de trabajo de muchos mineros. Zabaletas también estaría implicada en las posibles explotaciones de la multinacional AGA.

Había que descender y la temperatura por esos lados era mayor. Una silueta aparecía lentamente en el fondo del camino que debíamos seguir; a mi compañera le pareció conocerlo y de inmediato salimos de nuestro refugio a su encuentro. Venía en un caballo que parecía no poder ya con el peso de su dueño; el pobre animal tenía su piel pegada a sus huesos; su pelaje ya era blanco y su mirada casi caída daba la sensación que pronto caería al suelo.

“Buenas, cómo está” saluda el señor a mi acompañante. “Bien don René, visitando estas tierras que ya me hacían falta”… después de que entablaron conversación, don René se enteró verdaderamente a lo que íbamos; la reacción fue la misma que la de otras personas: temor. Pero después de explicarle que solo necesitaba unos cuantos datos tuvo la disposición de ayudarme.

El temor que don René y su comunidad tiene es que el agua se contamine o que se las quiten “ellos (la AGA) según lo que han explicado es que construirán una gran piscina en donde albergarán grandes cantidades de agua para poder llevar a cabo su procedimiento; entonces para llenarlas tomarían el líquido de quebradas aledañas o del río Esmita que es el que proporciona de agua a las personas”.

Otro de los temores es que a los mineros de la zona se les prohíba sacar oro, lo que traería grandes consecuencias por ser su mayor fuente económica; además afirma “No sabemos si sea viable o no. La empresa ha estado en reunión dos veces en Zabaletas. Ellos dicen que vienen colaborándole a la gente en cualquier cosa que necesiten, que todo es malo como la gente dice, que las cosas van a ser diferentes, pero no sabemos si sea cierto”• afirma René quien lucha contra las moscas que intentan posarse en su cara.

La gente de la vereda de Zabaletas poco se interesa por sus zonas, Don René ha sido testigo del desinterés de su comunidad por las escasas reuniones que hace la AGA; esta indiferencia dificulta saber si la gente está o no de acuerdo con la llegada de la multinacional.

EL calor se siente en el rostro de René, que aunque lleva sombrero, parece no ser suficiente para evadir la despiadada temperatura y su cara comienza a bañarse en sudor, al igual que su moribundo caballo, a quien le da dos golpes con sus pies en las costillas y se marcha.
Sin más opción seguimos descendiendo por un camino que poco a poco hace más estrecho.

Después de unos minutos los árboles aparecen a lado y lado de nuestro camino, la temperatura a la sombra es agradable; solo por un par de minutos, porque de repente nos topamos nuevamente con el sol y con un paisaje lleno de hermosas montañas...dunas enormes, con caminos como espirales que las rodean, producto del pastoreo de las vacas, los toros y los caballos de la región; dunas que según la multinacional minera más poderosa del mundo, poseen una gran cantidad de oro. Tal vez el suficiente como para estar más de tres años analizando esta zona.

Tenemos que desviarnos del camino para llegar más rápido a la vereda de Zabaletas; atravesamos uno de los potreros ante la furiosa mirada de los toros. Las montañas casi estaba deshabitadas… muy a la distancia se veían unos cuantos puntos que brillaban, gracias a las hojas de zinc; los ranchos de esta vereda están muy distantes los unos a los otros, lo que deja en evidencia las dificultades que la gente tiene para asistir a las reuniones con la Anglo Gold Ashanti.

No niego que el paisaje en ese momento me pareció hermoso, ver todo ese verde que en la ciudad no existe, me hiso reflexionar, pensar, qué tan grande podría ser la codicia del hombre para destruir tantas tierras, aunque la AGA, advierte que no lo hace y desmiente las afirmaciones que lo comprometen con el uso de cianuro y mercurio- elementos mortales para el medio ambiente- para llevar a cabo sus explotaciones auríferas.

Pensé que todos esos terrenos eran una mina, pero de oro verde, un oro que le correspondía a todos y que my seguramente valdría más que ningún otro elemento en la tierra.

Ya son más de las tres de la tarde y el sol parece no querer ceder con su abrasador calor. Nos queda casi una hora de camino, pero creo que no es necesario hablar con más gente. Me he encontrado con la misma historia que alguna vez irrumpió nuestra tranquilidad y que desde ese momento, no ha dejado tranquilo a nuestro pueblo… ahora tal vez se repita los mismos hechos que acontecieron en la conquista del “Nuevo Mundo” …las crisis sociales, la destrucción del medio ambiente y el saqueo que nuestros territorios sufrirán.

Por ahora hay que esperar pacientemente cada movimiento de la Anglo Gold Ashanti, así que decidimos recoger nuestros pasos, al lado de nuestro fiel sol; dejando atrás la belleza de nuestras tierras que alguna vez despertaron la codicia de unos cuantos hombres y que hoy despabila la de “los nuevos conquistadores”.

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