Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
No le ha hecho nada bien el más crudo invierno de los últimos años al Cauca. Si bien, aquí no estamos protagonizando las noticias por cuenta de decenas de damnificados por las inundaciones – aunque también los tenemos- , hay grandes derrumbes y deslizamientos especialmente en las vías rurales, donde según los expertos, las condiciones geométricas, de drenaje, capacidad y operación son un chiste. De allí el problema.
Lo que aquí tenemos en nuestro Cauca rural son puros caminos vecinales. Mientras en otros escenarios se habla de las locomotoras de la competitividad y la innovación y si se construirán grandes soluciones viales, aquí seguimos especialmente en esos tiempos de emergencia, a lomo de mula, porque no hay de otra.
El subdesarrollo tiene su máxima expresión en nuestro departamento no sólo en los bajos niveles de escolaridad, la desnutrición, la violencia generalizada, la preexistencia de enfermedades como la tuberculosis, también en su malla vial, que es la misma de la mitad del siglo anterior. No se trata de ‘llover sobre mojado’, a excepción de los accesos a pueblos como Balboa, Mercaderes, Bolívar, Sucre, El Tambo, Morales, Cajibío, Silvia y las principales cabeceras del norte del Cauca, en el resto de los 42 municipios seguimos con caminos precarios, arcaicos y lo más triste, cada vez más desprotegidos, porque no hay recursos para financiar su recuperación y mejora. Recordemos que los recursos por concepto de la Ley 715, dejan un porcentaje mínimo para el mantenimiento de las vías y a los alcaldes no les queda más que echarle la mano a la sobretasa a la gasolina para atender estos menesteres. Pero también es cierto que entre más alejado se encuentre un pueblo de la vía Panamericana, principal arterial vial, por ejemplo, menos captación de recursos por este concepto, porque las ventas en las estaciones de gasolina son mínimas, fuera de las ventas ambulantes que bordean la vía y que mueven otro importante comercio. Pensemos el caso de El Bordo y la variante que de pronto termine construyendo el invierno en el sur del Cauca, que sin duda cambiará la movilidad y trasladará estas oportunidades.
En medio de ese panorama, no deja de ser esperanzadora la reforma en curso a la distribución de las regalías, puesto que permitiría oxigenar con nuevos recursos las expectativas frente a la malla vial, por ejemplo. Las vías son un termómetro del desarrollo de un pueblo y como dicen por ahí “por la maleta se conoce al pasajero” y en un departamento donde su mayor población se concentra en zonas rurales, con estos niveles de atraso en la mejora de su infraestructura, realmente hay mucho por hacer y lo que se hace prácticamente no se ve ni se siente. Claro que paralelo se han enquistado muchos escenarios de conformismo y corrupción en ésta y otras materias de interés público, que también suman.
Bueno, pero en medio de este triste y recurrente panorama, celebremos que en Popayán se ve el esfuerzo por hacer vías de mejor diseño y calidad. Las cosas siempre rezagadas pero llegan, como la sistematización de los impuestos. Ya era justo que en pleno siglo XXI los contribuyentes pudiéramos bajar por internet los recibos o que nos lleguen a la casa. Al menos así dan ganas de ir a pagarlos.
Adenda: periodistas, no se olviden del control social a los abusos y problemas del inicio escolar. Por ahí abundan, no son exclusividad de los colegio privados del calendario B. Investiguen y cuenten a ver si alguien hace algo.

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